martes, 6 de noviembre de 2012

Carmesí Alizarina


Mamá hubiera sido la mejor mamá del mundo, si no hubiera sido por los cuerpos. Tenía una de esas caras permanentemente risueñas: tez blanca pecosa, mofletes saludablemente felices y rojizos, y ojos vacantes, mas brillantes, que se reían cuando su boca se cansaba del esfuerzo muscular de sonreír. Pero no sólo era de semblante benevolente. Aguantó una cantidad de mierda que ningún otro padre podía haber tolerado con tanta paciencia. Exámenes constantemente suspensos siendo sólo el primer plato, seguido apresuradamente por otras faenas adolescentes algo menos corrientes.

Era activa: no recuerdo jamás haberla visto sentada en casa. El olor de las galletas y óleos impregnaban el aire en cada habitación, cada minuto de cada día. Incluso esa vez que tuve gastroenteritis, tras cagarme pata abajo incluso las entrañas, el cuarto de baño olía a chocolate, canela y carmesí alizarina.

De tanda en tanda, pintaba campos de amapolas. De pies, claro. Sus enormes ojos engullendo colores y rociando el lienzo, acompañados seguidamente del pincel. Rojo sangre salpicándose sobre un fondo verde y azul.

Hasta que llegó la policía. Les dejó pasar con una sonrisa, les ofreció té y puso una docena de galletas recién sacadas del horno en uno de los platos que había pintado a mano. Rechazaron todo. Le leyeron sus derechos. La esposaron. La sacaron a la calle. La empujaron bruscamente al coche aparcado fuera. No sonreían. Parecían aliviados a la vez de enfadados.

Puedo verla en mi mente, en la sala de interrogación, donde Poli Bueno la mira, incrédulo. Poli Malo frunce y gruñe, colocando primeros planos en grupos según nombre de víctima. –Éste, –el detective dice con escalofríos según dispone cinco fotografías– era J. K. S. Otra agrupación de seis fotos forman parte del puzzle denominado A. D. G. Y así sucesivamente, hasta que yacen once cuerpos desmembrados a cachos fotografiados sobre la mesa. Ella sonríe y mira cada uno, en ocasiones deslizando una imagen de un grupo a otro, radiando el interrogador con su sonrisa. –No va este pie con esa otra pierna?

Lo llamaron “un caso claro”.

Otro cuerpo apareció hace unos días y los periódicos se han vuelto locos.

Hoy, Día de la Madre, he pensado en enviarle una amapola prensada.

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