Mamá hubiera sido la mejor mamá del mundo, si no hubiera sido
por los cuerpos. Tenía una de esas caras permanentemente risueñas: tez blanca
pecosa, mofletes saludablemente felices y rojizos, y ojos vacantes, mas
brillantes, que se reían cuando su boca se cansaba del esfuerzo muscular de
sonreír. Pero no sólo era de semblante benevolente. Aguantó una cantidad de
mierda que ningún otro padre podía haber tolerado con tanta paciencia. Exámenes
constantemente suspensos siendo sólo el primer plato, seguido apresuradamente
por otras faenas adolescentes algo menos corrientes.
Era activa: no recuerdo jamás haberla visto sentada en casa.
El olor de las galletas y óleos impregnaban el aire en cada habitación, cada
minuto de cada día. Incluso esa vez que tuve gastroenteritis, tras cagarme pata
abajo incluso las entrañas, el cuarto de baño olía a chocolate, canela y carmesí
alizarina.
De tanda en tanda, pintaba campos de amapolas. De pies, claro.
Sus enormes ojos engullendo colores y rociando el lienzo, acompañados
seguidamente del pincel. Rojo sangre salpicándose sobre un fondo verde y azul.
Hasta que llegó la policía. Les dejó pasar con una sonrisa,
les ofreció té y puso una docena de galletas recién sacadas del horno en uno de
los platos que había pintado a mano. Rechazaron todo. Le leyeron sus derechos.
La esposaron. La sacaron a la calle. La empujaron bruscamente al coche aparcado
fuera. No sonreían. Parecían aliviados a la vez de enfadados.
Puedo verla en mi mente, en la sala de interrogación, donde
Poli Bueno la mira, incrédulo. Poli Malo frunce y gruñe, colocando primeros
planos en grupos según nombre de víctima. –Éste, –el detective dice con
escalofríos según dispone cinco fotografías– era J. K. S. Otra agrupación de seis fotos forman parte del puzzle denominado A. D. G. Y así sucesivamente, hasta
que yacen once cuerpos desmembrados a cachos fotografiados sobre la mesa. Ella
sonríe y mira cada uno, en ocasiones deslizando una imagen de un grupo a otro, radiando
el interrogador con su sonrisa. –No va este pie con esa otra pierna?
Lo llamaron “un caso claro”.
Otro cuerpo apareció hace unos días y los periódicos se han
vuelto locos.
Hoy, Día de la Madre, he pensado en enviarle una amapola
prensada.
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